Reflexiones de un sobreviviente del 11-S
Hans Gernot Schenk, un colombiano-alemán de 55 años, rememora su experiencia del 11 de septiembre de 2001, un día trágico que le costó la vida a varios amigos y destruyó parte de sus sueños. Trabajaba en el World Trade Center en Nueva York, donde se desarrolló el ataque del grupo extremista al Qaeda.
Schenk recuerda cómo llegó tarde a su trabajo ese día, lo que posiblemente lo salvó. Tenía una conexión emocional con una persona especial, y esa relación lo llevó a salir a cenar la noche anterior, lo que alteró su rutina habitual y su horario de llegada.
La llegada a la oficina del horror
El día del atentado, Hans se sintió optimista al pensar que llegaría a su oficina más temprano de lo habitual. Sin embargo, al bajar del metro, se encontró con un caos inusitado, con gente corriendo en pánico. Al mirar hacia arriba, vio el humo negro y, en un instante, comprendió que algo terrible había ocurrido.
Cuando el primer avión impactó, él estaba a punto de entrar al edificio. La explosión lo sorprendió y su única reacción fue buscar la salida, corriendo rápidamente hacia el metro. A pesar de haber visto la devastación, no comprendió la magnitud del ataque hasta que se enteró de que eran aviones comerciales los que habían sido utilizados.
Las secuelas del trauma
Después de los atentados, Hans intentó comunicarse con sus compañeros de trabajo, sin embargo, no pudo. Cuando finalmente llegó a casa, se unió a su compañero de apartamento frente al televisor, donde presenció el colapso de las Torres Gemelas en vivo. La experiencia lo marcó profundamente, tanto emocional como psicológicamente.
Schenk relata que, a pesar de haber sobrevivido, vive con la culpa de haber salido ileso cuando otros no tuvieron la misma suerte. A lo largo de los años, ha luchado con trastornos relacionados con el estrés y ha experimentado episodios de salud que parecen estar conectados con el trauma del 11-S.
"A veces siento que no es justo. ¿Por qué yo sí y por qué otros no?"