Controversia por la Llamerada en Miss Mundo 2026
Durante la reciente presentación de la Llamerada en Miss Mundo 2026, se desataron cuestionamientos por parte de expertos en historia y cultura de Bolivia. Estos críticos sostienen que se está apropiando una danza que, aunque tiene sus raíces en la región andina, es representativa del patrimonio cultural boliviano.
El historiador Fernando Cajías explicó que, si bien los rituales relacionados con llamas son antiguos en los Andes, la Llamerada que se conoce hoy en día es una danza urbana que se ha desarrollado en Bolivia. Cajías subrayó que la primera fraternidad registrada de esta danza fue la Llamerada Zona Norte de Oruro, establecida en 1921, mientras que en Puno las versiones de esta danza surgieron mucho más tarde.
Cajías también destacó que hay diferencias notables en la vestimenta utilizada, mencionando elementos como el aguayo, la montera, la pollera y otros adornos característicos de las fraternidades bolivianas. Esto refuerza su punto de vista sobre la originalidad y el valor cultural de la danza boliviana.
Además de las preocupaciones sobre la representación de la Llamerada, Cajías mencionó que ya se ha presentado una queja formal ante el Viceministerio por el uso de música boliviana en el contexto de Puno, lo cual añade más peso a la discusión sobre la apropiación cultural.
El presidente de la Organización Boliviana de Defensa y Difusión del Folclore, Napoleón Gómez, hizo un llamado al Estado para que proteja la Llamerada, recordando que desde 2011 este baile es considerado Patrimonio Cultural Inmaterial del país. Gómez remarcó la importancia de contar con un respaldo institucional para la defensa cultural.
En 2017, se llevó a cabo el Encuentro Mundial de la Llamerada, donde participaron representantes de 30 ciudades, y en una edición posterior, más de 130 localidades del mundo. Gómez enfatizó que esta danza merece ser defendida con bases sólidas y argumentos históricos.
Tanto Cajías como Gómez coincidieron en que la defensa de la Llamerada no debe ser una tarea exclusiva de las fraternidades y gestores culturales, sino que es necesaria la implicación del gobierno para hacer frente a las apropiaciones culturales en el ámbito internacional.